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Febrero 8, 2010

Mala saña

fotometallica

De fondo River vaciándose after “Metallica loves you!” y todas esas cosas que gritan don James Hetfield.

Y no, la foto no la sacó Michael Fox ni estábamos adentro del gusano loco o en la gira “Death Magnetic Tour” en su paso por Haití. Parece que la gente de Buenos Aires necesita hacerse exámenes médicos para sacarse la duda de enfermedades hereditarias relacionadas con el temblequeo.

Como siempre, con o sin “seísmo”, el más fotogénico del grupo es Don Sebastián Valero, que luce una preciosa remera Led Zeppelin modelo 2008 que te mira y te dice “Impécil!”. El personaje del medio, de dudoso gusto metalero, es Niquio Minanoma con su panza saliendo de esa roja remera. ¡Si hasta parece que ese ombligo hablara! Mención especial para Plofo Fernández con gorra de AC/DC (el mejor regalo de cumpleaños que nadie jamás podrá regalarle) y una remera de Madhouse que trató de alardear durante toda su estadía en el Antonio Vespucio (qué nombre!) Liberti. Obviamente pasó desapercibido.

Gracias, totales y eternas a la escudería Rock and Pop que nos dejó infectar una de las cabinas de transmisión que usaron en un show que ¡no transmitieron!

Agradecemos a los que nos saludaron, y también por qué no a los que nos ignoraron en el ascensor y nos hicieron darnos cuenta de que al fin y al cabo somos unos paisanitos del culo del mundo.

Y recuerden que “Rock and Pop Neuquén Loves You”, que ésta es la “Rock and Pop Familia” y que “in fact, you are the best fans ever”.

- ROCK AND POP MUSIC / Lunes a viernes 13 a 15 hs. -

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Febrero 8, 2010

Sana diversión

Seguimos rompiéndola con Rock and Pop Music. La gente nos llama prendida fuego y nos pide desde The Cure hasta Motley Crue para pasar de la mejora manera el verano en la oficina, en la casa, en la pileta, arriba del taxi, o donde les pegue el sol.

Arrancamos esta semana rememorando un texto del señor Pebles sobre una banda de la que hay que hablar alguna vez en un asado, medio borracho y con una silla de madera de esas armables cerquita para sacudirle al primer desubicado que te dice que es aburrida. Estamos hablando de Radiohead.

“Si la Miseria de nuestros pobres no es causada por las leyes de nuestra Naturaleza, sino por nuestras instituciones, cuan grande es nuestro pecado”.

Charles Darwin 1835

El pasado 26 de diciembre, Joan Cunnane, una inglesa de 77 años adicta a las compras, falleció de deshidratación en su casa atrapada en una montaña de mercancías baratas que había comprado durante años y que había ido guardando en decenas de maletas. Ninguna era esencial, ninguna había sido usada, ninguna había llegado realmente a existir salvo para matar a su propietaria. La señora Cunnane había muerto de hambre y sed en medio de un exceso de riquezas, destruida por su mística pulsión al consumo, sepultada bajo trescientas bufandas de colores -entre otros miles de objetos- que jamás habían adornado su cuello ni abrigado su garganta.

En unos días más, viene a nuestro País, una de las bandas de nuestro tiempo, una de las bandas que nos toco: Radiohead. Y me concentre en esa pintura de El Bosco que se llama OK Computer. Tiene muchos discos Radiohead, pero el que se antoja en la vanguardia es OK Computer, que fue lanzado en el año 1997. Madejas de historias de choques y de soledades, suele en la chapucería y mal gusto, ser catalogada de “bajón”. Es más fácil hablar así de algo tan duradero. Como “cansa” es “aburrido”. Imagínense…

Esta obra maestra es producto del trabajo de Tom Yorke, el que canta y de Jonny Greenwood, el que pone los “ruidos”.

Greenwood también se despacha talentosamente escribiendo bandas de sonido para películas espeluznantes como Petróleo Sangriento.

Esencialmente, OK Computer relata el choque entre dos especies. Turistas y Refugiados.

Ya la Humanidad se divide en estas dos especies, nos cuenta Tom Yorke. Los que pagan para viajar y los que son expulsados.

El 10 de agosto de 2007 tuvo lugar el encuentro fabuloso entre las especies. Una gran nave de lujo, el crucero Jules Verne, de 152 metros de eslora, 15.000 toneladas de desplazamiento y con 470 turistas españoles a bordo, salvó a 12 náufragos. Los supervivientes fueron atendidos en cubierta -separados, naturalmente, del pasaje- de graves problemas de hipotermia y deshidratación; algunos presentaban también severas quemaduras y todos habían escurrido sus últimas fuerzas tratando de mantenerse a flote en medio de las olas. La reacción de los pasajeros fue dispar. Algunos se quejaron de la alteración del programa, o de la interrupción de algunos servicios durante la operación de rescate. Otros, en cambio, aceptaron solidariamente el contratiempo y confesaron sentirse impresionados y conmovidos por el acontecimiento. En todo caso -y esto es lo inquietante y revelador- la noticia servida por los periódicos no era el drama de los inmigrantes sino precisamente la “solidaridad” y la “conmoción” de los turistas: la “aventura” inesperada. Las declaraciones de una pasajera reflejan muy bien el tono general de los testimonios y el foco de atención escogido por los periodistas: “Fue impactante (la visión de una de las mujeres rescatadas). Gritaba desesperada y lloraba como una Magdalena porque había perdido a su bebé de nueve meses en el agua. Ella le vio hundirse, fue traumático”. Algunas madres consideraban asimismo que la situación de excepción generada en el barco por la presencia de los náufragos podía ser “traumática” para sus hijos y que los “animadores” contratados por la agencia debían haberlos distraído con juegos y espectáculos -cuando quizás era una buena oportunidad para explicar algunas cosas sencillas y terribles a los niños. Ningún periodista, en cualquier caso, se interesó por los náufragos mismos, ni por sus nombres ni por sus peripecias ni por su destino ulterior. Sólo a través de las declaraciones de un pasajero nos enteramos de que hablaban correctamente inglés y procedían de Eritrea; y la historia termina felizmente con el alivio de que las autoridades del país aceptasen trasladar a los supervivientes a Malta (cuyos centros de “acogida”, verdaderos campos de concentración, han sido denunciados ante el parlamento europeo por las condiciones ignominiosas en las que se mantiene a los reclusos). La noticia del drama angustioso de unos inmigrantes salvados de la muerte se convierte así en la hazaña de unos turistas españoles solidarios que aceptan retrasar unas horas su programa de ocio organizado y a los que “conmociona” deliciosamente esta experiencia adicional; es decir, una humana y refrescante noticia veraniega que acepta como natural y casi ecológico el flujo de turistas e inmigrantes en direcciones opuestas y con medios injuriosamente desiguales y que reivindica como simpática y emocionante la rara intersección entre las dos corrientes paralelas.

Se puede hablar de Radiohead a través de sus andanzas (valientes por cierto) contra la industria discográfica, de lo que significo para todos los melómanos de mas de 35 el disco “Pablo Money”, de la experiencia esquizo de “Kid A”, pero si elegimos “OK Computer”, tenemos que hablar de lo que nos cuenta Yorke en ese disco.

Nada fuera de la realidad y nada más certero. La historia de los turistas españoles es el pie para habitar en “OK Computer”. Los que viajan y los que son expulsados. Los turistas que gastaron 10.000 millones de dólares el año pasado en el Dubai Shopping Festival  y  los bengalíes y pakistaníes que construyeron esos shoppings que jamás podrán entrar en ellos.

¿A quién le importa? Si la compasión es un delito, la indiferencia es legal; y pronto, por este camino, la agresión será una hazaña.

Radiohead (o Yorke) exquisitamente describe en OK Computer sin paternalismos, algo sobrenatural tratándose de músicos ingleses, las abolladuras que tiene ese auto lujoso llamado Consumo.

Para nosotros rockeros, resulta particularmente simpática en una época de rampante irracionalismo como la nuestra; su artimaña, además, de ofrecer un refugio honorable a los que estamos cada vez más contra la pared en caso de una victoria de las Tinieblas contra la Humanidad.

Gracias a Radiohead y sus muchos OK Computer, tenemos con que proteger los progresos históricos de la Razón. En la clandestinidad de las criptas y las catacumbas, pero protegidos al fin.

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